La Espera

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Alterando sutiles remolinos en el viento y en el pensamiento, subsiste la espera. Vive en rincones escondidos, no imaginados; así como a simple vista, en grandes plazas, en ojos vidriosos que alcanzan decir lo que los labios no pueden.

Ingrata es la espera, que planea su recibimiento con algarabío y orquesta, y se instala sin escucharse a quien la aclama. Viene y saluda con una sonrisa, cuando bien sabe esta que, a la larga, no valdrá tanto la pena.

Dulce en ocasiones; deliciosa como las primeras lluvias para un marchito pasto luego de un largo verano. Puede ser reconfortante, esperanzadora, e incluso remuneradora… este es el potencial de la espera.

Vidente es la espera… de esas que la suerte dicta si serán proclamadas maravilla o fraude.

Caprichosa que no obedece a las reglas secretas de natura ni a las que creó el hombre para decir que las interpreta. No escucha a la razón ni al corazón, así es la espera… viene con el anhelo, pero no se va con el llanto.

Espera que insiste en corazones ciegos, con retardo.

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